¿QUIÉN PIENSA EN LOS NIÑOS?

MÚSICA PARA NIÑOS

Me pregunto, quién narices piensa en los niños.

Un día cualquiera busco un espectáculo para mis hijos. Me encuentro con una buena producción. Música en directo (importante), buena escenografía, buenos cantantes, buena orquesta, un personaje familiar para un niño, un género poco común en un espectáculo para niños, pero, más que atractivo para intentar desarrollar el gusto por la música, en fin, un planazo, como dirían algunos modernos.

Llegamos al espectáculo y, cómo no, hay que hacerse de rogar un poco, comienza tarde, los músicos somos así, no vaya a ser que falten uno o dos y no nos aplaudan, que el ego es muy exigente. Las primeras palabras del director hacen referencia a que los niños mantengan silencio. Esta parece ser la mayor preocupación de los directores de orquesta y músicos, la cual entiendo, pero, repito, ¿Quién piensa en los niños cuando realiza una producción de este tipo?. El espectáculo dura hora y media más el tiempo de espera hasta que empezó, advertencias del director incluidas. Como he dicho antes, el género propuesto, la ópera, no es precisamente algo a lo que un niño esté, de entrada, acostumbrado. Me pregunto yo si no se podría hacer una ópera pensando en el tiempo que un niño “promedio” puede aguantar sentado, quieto y en silencio (como parece haber solicitado el director musical) y en la fuerza mental que un padre “promedio” tiene para mantener a sus hijos en las condiciones solicitadas. ¿No se podría realizar una composición algo más “digerible” para el respetable?, porque digo yo, tampoco hay que hacer que tu hijo escuche a Ornett Coleman tocando free, para adentrarse en el jazz (por poner un ejemplo) porque mira que es amplio el abanico.

De nuevo, en qué pensamos los músicos cuando tocamos, componemos, etc., ¿en nosotros mismos?, ¿en lo que nos piden que hagamos?. En mi opinión, ambas cosas van en contra de la principal finalidad,.

Si componemos un espectáculo, para niños, de hora y media regocijándonos en nuestros conocimientos musicales y en aprovechar la oportunidad que tenemos de poder plasmar nuestras inquietudes (por no decir otra cosa) y que además nos paguen y no pensamos en a quién va dirigido, sinceramente, lo que yo haría sería invitar a ese compositor a que me escuchara tocar durante hora y media la batería, y pedirle que se sentara en silencio, sin moverse y sin hablar y además, indicándole cuándo es que debe de aplaudirme, como también se nos pidió que hiciéramos. Eufemismo de educación musical, pues más bien apelo a la incapacidad de seguir la presentación por la mayoría del público.

Por otro lado, si escribimos tal partitura porque nos han pedido que tenga esas características, bueno entonces, mire usted, aquí ya no entro porque ya sabemos cómo se maneja el negocio de la música y quién lo maneja. Aquí llega un iluminado con un palo en una mano y un maletín en la otra, o con un presupuesto debajo del brazo y hay que gastarlo porque si no se pierde y hay que hacer por hacer y enredar por enredar y claro ¿quién piensa aquí en los niños, que es, el publico final?

Yo sé lo que es montar un espectáculo de estas características y reconozco que la energía, sobre todo trabajando con niños, es muy especial y que desde dentro, es difícil aceptar este punto de vista. Pero, desde fuera, como padre, como niño y poniéndome en la piel de un espectador “promedio”, no es aceptable decir que esta partitura está escrita para niños y es una pena porque tenía muchísimos buenos ingredientes, incluido el precio.

Sólo espero que mi hijo mañana no odie a Pinocho, ni la ópera, ni quiera dejar de jugar a ser director musical porque yo, la verdad, no puedo engañarle ni justificarle que este espectáculo se ha pasado tres pueblos en duración y en dureza musical y si no, ¿en que tipo de niños estamos pensando? Felicidades hijos, habéis aguantado, hora y media, un espectáculo que, definitivamente y en mi opinión, no era para vosotros. Para mi, tampoco.

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