Estructuras Rítmicas en la Improvisación

Basado en el curso Creacion Rítmica, este trabajo es el proyecto final realizado y aprobado por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid durante el postgrado “Creación e Interpretación Musical” presentado como preámbulo de lo que será una tesis doctoral. Ver mas >>>

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PROCESOS METODOLOGICOS 1, 2 y 3

En esta sección se expondrá la metodología que he venido desarrollando y que aplico para conseguir los objetivos e hipótesis anteriormente descritas. El texto está dividido en dos partes: por un lado se aborda la metodología con respecto al tempo interno y en segundo lugar lo concerniente a la adquisición y desarrollo de determinados conceptos rítmicos para la improvisación.

Es evidente que este apartado, al igual que los anteriores, está en continuo crecimiento y, por tanto, desarrollo. Aún así, las siguientes páginas ofrecen una idea muy cercana sobre el punto en el que se encuentra la investigación que se pretende abordar la tesis.

1.1.         Tempo interno. Primeros pasos

Comencemos proponiendo la siguiente situación: un niño intentando dar sus primeros pasos, el cual tiene que andar una distancia corta cualquiera. Lógicamente al segundo o tercer paso habrá caído, por no mencionar la inestabilidad con la que habrá logrado dar esos pasos. Ahora, ayudémosle a caminar situando a cuatro personas, dos a cada lado, separadas por distancias iguales. Algo parecido a lo que se muestra en el siguiente gráfico.

Estas cuatro personas están ayudando a que el mencionado niño pueda llegar al final del recorrido, aunque sus pasos no hayan sido seguros ni estables durante el camino. Con el paso del tiempo y la práctica suficiente, podrá hacerlo sin que nadie intervenga.

Con este sencillo ejemplo podemos establecer una similitud con la situación en la que un baterista, que nunca ha utilizado un metrónomo y que, por tanto, está dando sus primeros pasos con la batería, debería hacer para poder tocar un ritmo con estabilidad.  De este modo, como se ve en gráfico, si pusiéramos nuestro metrónomo en marcha, marcándonos por ejemplo los pulsos de un compás de 4×4, éstos estarían haciendo, de algún modo, la labor de reencaminarnos o reconducirnos cuando en mitad de un compás nuestro tiempo se haga inestable y empecemos a fluctuar en nuestra interpretación.

Con el paso del tiempo y practicando lo suficiente seguramente conseguiremos mantener un tempo constante mientras tocamos junto al metrónomo. Esto es algo que la mayoría de los músicos normalmente consiguen poder hacer.

Sin embargo, y creo que aquí es donde radica el problema, es importante tener muy en cuenta que, el hecho de poder seguir un metrónomo no significa necesariamente que hayamos desarrollado nuestro tempo interno. Esta situación es muy común. Así pues, los problemas empiezan a surgir cuando no tenemos el metrónomo mientras estamos tocando solos y sobre todo con otros músicos, o incluso cuando tocamos con un metrónomo pero la distancia entre los pulsos es muy grande, o lo que es lo mismo, la velocidad es muy lenta, como se ilustra en el gráfico siguiente.

En el caso del gráfico, se especifica la velocidad 40 bpm. Aquí, nuestras ayudas (recordando el ejemplo del niño) estarán más lejos y la inestabilidad, por tanto, aparecerá. A continuación se presentan algunas metodologías para la solución del problema planteado.

Es importante acostumbrarnos a estudiar a velocidades muy lentas (40 bpm) ya que de este modo, estaremos concentrados en ser precisos en la ejecución del ejercicio en cuestión, teniendo así menos posibilidades de generar tensión debido a una velocidad rápida.

En el caso de un batería que supuestamente fuese impreciso a la hora de tocar según qué figuras rítmicas en rudimentos, etc., es un buena solución programar el metrónomo de tal modo que suene la figura en la cual se está siendo impreciso, pongamos por ejemplo la semicorchea, pudiendo de esta forma ajustarse a lo que está sonando y consiguiendo así una mayor precisión hasta que nos sintamos más seguros.

Progresivamente y como parte del objetivo principal, iremos prescindiendo de esta subdivisión para pasar a la de corchea (o cualquier otra) hasta que consigamos estar cómodos y llegar por fin a las negras.

Este recurso es muy recomendable para aquellos que se acaban de iniciar en el estudio de la batería, ya que les obliga a ser precisos en la ejecución de sus golpes; aunque también es muy válida y recomendable para cualquiera que desee, en general, mejorar su precisión interpretando ciertas figuras. Habría que añadir que el estudio de este recurso debe hacerse de modo progresivo pasando de un valor de nota al siguiente ya que saltarse alguno de por el medio puede exponernos a frustraciones, las cuales, es importante que evitemos.

1.2.         Los efectos del entorno
Partamos de esta premisa: ¿Por qué mi tempo se acelera o ralentiza cuando estoy tocando con una banda?

Si bien creo que esta pregunta no tiene una única respuesta, basándome en mi experiencia personal, he llegado a algunas conclusiones que nos pueden ayudar a entender este fenómeno tan desagradable, y así encontrar una metodología más directa, la cual se expone a continuación, para su consecuente solución.

Es evidente que, cualquier estilo de música conlleva un estilo de vida íntimamente ligado a él, bien por cuestiones sociológicas, culturales, o de cualquier otra índole.  Del mismo modo, un estilo de vida concreta va a repercutir directamente en tu entendimiento y acercamiento hacia la música que interpretes, además de a otros muchos aspectos de la vida.

Todos conocemos algún caso de alguien que, acostumbrado a vivir en una zona rural, viaja a la capital y siente que todo funciona a más velocidad; que la gente camina más de prisa y que esto lo nota aún más cuando camina a lado de alguien que vive  en ese lugar. De algún modo, ciertamente estas dos personas tienen un reloj interno o un tempo interno ajustado a diferentes velocidades, sintiéndose además cada uno de ellos cómodos con su velocidad a la hora de realizar cualquier actividad rutinaria.

Pasado no demasiado tiempo, la persona que llegó a la capital se irá acostumbrando a la nueva velocidad (digamos de ejecución) hasta convertirla, posiblemente, en la suya propia.

Cuando tocamos la batería (o cualquier otro instrumento) reflejamos muchos aspectos en nuestra interpretación de los cuales no somos en principio conscientes, pero que juegan un papel importantísimo en nuestra interpretación musical. La manera y la velocidad a la que instintiva y espontáneamente tocamos en un momento determinado o en general, pueden ser fruto del estrés que hayamos vivido durante el día, o en las últimas horas, o simplemente del ritmo de vida que llevemos normalmente. Por supuesto, también son reflejo de la música que normalmente escuchamos de modo privado e inducidos por nuestro entorno.

Por esto, si estamos tocando una balada muy lenta y normalmente escuchamos música con velocidades muy altas, nuestra tendencia será acelerarnos sin darnos cuenta, hasta llegar a esa velocidad en la cual, fruto de nuestras costumbres, nos sentimos realmente cómodos. Es una situación muy similar a la de aquella persona que,  acostumbrada a vivir en la capital intentara andar más lentamente por un instante; en poco tiempo estaría de nuevo caminando más rápidamente debido a su costumbre de hacerlo así diariamente y como consecuencia de ese reloj interno del que antes hablábamos.

Por esta razón entre otras muchas, y como bateristas, debemos de plantearnos como necesidad básica el estudiar sobre una gama muy amplia de tempos, desde los extremadamente lentos subiendo hasta velocidades que, siendo altas, no afecten a nuestra relajación, limpieza en el sonido, e interpretación requerida. Hagamos hincapié en el hecho de que, el estudio en velocidades lentas va a garantizarnos el perfecto entendimiento del nuevo ejercicio, por ejemplo a nivel motriz y de precisión, sin perder la relajación. Por otro lado, no olvidemos que conseguir que un ritmo lento camine y tenga groove (sobre lo cual hablaré en las próximas páginas) no es tarea fácil.

1.3.         El incorrecto uso del metrónomo. Efectos negativos
Supongamos que estamos en el punto en el que tocar con un metrónomo, ya nos es algo familiar y se convierte en un elemento más en el día a día de nuestro estudio.

Ahora surge el problema que mencionaba al principio de esta sección, que es el hecho de que cuando tocamos sin esta guía, que es el metrónomo, no somos capaces de mantener un tempo estable, lo cual conlleva muchas frustraciones y problemas con los demás músicos, ya que estos, sienten que están en una cuerda floja.

Este problema suele surgir a que, de algún modo, nos hemos acomodado a que nuestro margen de error en la interpretación lo vamos rectificando en la medida en que oímos el metrónomo y nos vamos ajustando a él, con mayor o menor brusquedad. Esto es un efecto muy desagradable que también perciben los demás músicos.

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