GUÍA PARA PADRES 1

AYUDAR, SIN SABER MÚSICA

Cuando unos padres deciden apuntar a su hijo a música, no son pocos los que me comentan preocupados que ellos no pueden ayudarle de ningún modo, ya que, no tienen ningún tipo de formación musical y que además alguna vez lo intentaron pero se les daba muy mal, etc.

La verdad es que esta situación me ha a animado a escribir esta primera parte de una serie de artículos que tratarán sobre lo que podemos hacer por nuestros hijos para ayudarles a disfrutar de la experiencia de tocar un instrumento sin tener ni idea de lo que es una corchea ni tener por qué hablar de ella.

Para aquellos que saben música, leer este artículo sera innecesario (o no), pero en cualquier caso me he encontrado con tantos padres a los que he tenido que dar estas pautas, que veo imprescindible escribirlas.

Espero de verdad que esto tranquilice y anime a más de uno a colaborar con sus hijos.

  • Ponle a tus hijos música tocada con instrumentos acústicos y no sintetizadores. Esto, que puede parecer una obviedad, es algo que difícilmente ocurre en la época que nos ha tocado vivir. Cantidad de productos musicales destinados a niños son realizados con instrumentos virtuales, secuenciadores y en definitiva música programada con algunas caras simpáticas al frente, que lo que consiguen es hacer que el niño piense que ver un concierto de música es ver a cuatro personajes haciendo gracias y “cantando” sobre una música que nunca ve quién la toca ni de qué instrumentos proviene.

  • Llévale a ver audiciones de alumnos a la escuela de música más cercana a tu casa. Tranquilo son gratis. No hay que ser un experto para apreciar que habrá alumnos que toquen muy bien y otros no tanto, sobre todo en algunos instrumentos como el violín o la trompeta, por ejemplo. Esto le hará entender que el aprendizaje de la música es un proceso que lleva tiempo y esfuerzo. También verá cómo todos ellos son respetados y nadie se reirá de ellos, independientemente de su nivel.

  • No le compres instrumentos de juguete que no suenen al instrumento que el niño ve. Por ejemplo, una guitarra que al pulsar un botón comienza a sonar una canción con todo tipo de sonidos de sintetizador y en donde es imposible reconocer una guitarra. Quizá nos pueda parecer muy divertido en un primer momento, ver cómo el niño ríe, baila y parece disfrutar con el juguete, pero si estamos hablando de que el niño aprenda a entender qué instrumentos desprenden qué sonidos, ese no es el mejor camino. La imagen y el sonido que papá desprende no es igual que la imagen y el sonido que mamá desprende y eso el niño lo aprende desde el principio. Es importante que el niño asocie un instrumento con su sonido correspondiente.

  • Hay instrumentos como por ejemplo la armónica, o un pequeño xilófono Orff que son sumamente agradables al oído, que no suenan demasiado fuerte y que siempre suenan afinados y, sin entrar en detalles aquí, no suenan disonantes. además no son caros. Esto hará que el niño pueda investigar con los sonidos fuertes, suaves, rápidos, lentos y siempre escuchando un sonido real.

  • Cuando el niño tenga la oportunidad de sentarse delante de un instrumento, por ejemplo un piano, es importante dejarle que él mismo descubra y no darle demasiadas indicaciones. Te sorprenderás de las cosas que hace. Por supuesto felicitale (sin exagerar) por lo que ha tocado, se sentirá muy bien, seguramente.

  • Si apuntas a tu hijo a la escuela de música, no aconsejo comprarle instrumento hasta el segundo o tercer año. Con esto no quiero decir que el niño no practique (más adelante hablo de esto) sino que intentemos acceder al servicio de préstamo de instrumentos que casi todas las escuelas tienen o busquemos alguna solución para no gastarnos el dinero, de entrada. Es probable que el niño, en su primer acercamiento a la música, se decida por un instrumento que no vaya a ser el que finalmente vaya a tocar. Muchas veces el habernos gastado el dinero hace que le “obliguemos” a que lo utilice sí o sí y termine cogiendo manía al instrumento y quizá a la música en general.

  • Implicate en la práctica del instrumento de tu hijo. En el caso de la batería, seguramente haya huecos durante la semana para ir a poder estudiar a la propia escuela. Todos los padres tenemos muchas cosas que hacer y muchas veces se nos hace difícil “perder” tanto tiempo en llevar y traer a nuestros hijos a una actividad, pero es el precio que tenemos que pagar para que nuestro hijo adquiera los beneficios que la música puede aportarle en su vida. Desde luego que, dejarle delante del sofá viendo la televisión es mucho más cómodo para nosotros, pero sólo eso.

  • Es imprescindible, sobre todo al principio, que los padres se comuniquen en todo momento con el profesor de música para saber , de un modo realista (que luego también hay mucho profesor flipado) diseñar un horario adecuado para la práctica del instrumento. En relación a esto yo suelo utilizar una “táctica” que me ha servido bastante. Se trata de acordar con los padres y con el niño que practique 2 ó 3 días a la semana no más de 10 minutos. Esto, que puede parecer excesivamente poco, efectivamente lo es y hará que el niño por sí mismo vea que necesita más sin necesidad de obligarle a nada. Con el tiempo el profesor te ayudará a ajustar la cantidad de tiempo necesaria sin que interfiera con los estudios del colegio.

  • Salvo en casos muy contados, los niños no saben a qué viene a la clase, ni tampoco la razón de por qué les gusta un instrumento determinado, aunque la verdad después de tantos años yo tampoco sabría responder muy bien a esta última cuestión, Con lo cual es importante que no se le acumule mucho material al alumno de una semana para otra, ya que, es muy típico que el niño, si esto sucediese, pudiese comenzar a mostrar signos de no querer ir a clase y posteriormente de quererse cambiar de instrumento pensando que, la guitarra por ejemplo, parece ser más fácil, o simplemente por el hecho de escapar del calvario de tener que pasar de nuevo por la clase sin haber practicado. Si el niño no abre ventanas, no sabrá que hay detrás de ellas y verá siempre el mismo panorama, la misma habitación sin salida. A quién de nosotros no le ha pasado apuntarse a clases de inglés y después de faltar a algunas clases, no querer volver o tener vergüenza de ir sin estar al día con respecto a tus compañeros Bueno pues los niños también padecen estas situaciones, así que, pensemos en ellas.

  • Y por último, si en un momento determinado animas al niño a tocar un instrumento al que pudiera tener acceso, asegúrate de que estás preparado para ello, ya que, si finalmente comenzara a tocarlo, jamás le mandes callar insinuando que se está poniendo pesado, o que ya está bien de hacer ruido. Esto además de coartar un momento de descubrimiento para él, si lo llevamos más allá podría incluso utilizarlo, no como algo que le produce placer, sino como herramienta para llamar la atención a sabiendas de que molesta.

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